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El postmodernismo es un término que se ha usado para caracterizar el estado social, cultural, y sobre todo psicológico del individuo ubicado en el mundo occidental contemporáneo: un mundo que se caracteriza por la incertidumbre, por la crisis de valores espirituales, y por el relativismo cultural.

 

Quizás lo que más capte el espíritu del postmodernismo es la falta de coherencia en la noción de quiénes somos y adónde vamos como seres humanos: es decir, una crisis de identidad y de sentido. Nunca en la historia de nuestra especie nos hemos visto tan asediados por el cambio acelerado. Nuevas tecnologías, como el teléfono celular o la Internet, revolucionan los más íntimos detalles de nuestras vidas. Nuevos peligros, biológicos, ecológicos o ideológicos amenazan con la destrucción de la raza humana e incluso del planeta. Nuevos descubrimientos científicos desafían nuestras ideas de la realidad.

 

Pero la mayor agresión contra nuestras creencias espirituales, contra nuestra identidad como seres, contra nuestras nociones de qué somos, dónde encajamos, y a dónde vamos en este universo no viene ni del campo de las ciencias ni de la filosofía. Ciencia y Religión son ya viejos contrincantes que se vienen batiendo desde siglos en una lucha en la que cada uno lanza sus embestidas contra el otro ya de forma ritual e inefectiva, cada campo permaneciendo bien resguardado detrás de sus propias trincheras y fortificaciones.

 

Ni la ciencia ni la filosofía fueron capaces de ocasionar la grave crisis existencial del hombre postmoderno. El apuro que tanto nos caracteriza y que tanto nos afecta e infecta de la angustia existencial nos vino de la religión misma, o mejor dicho, de las religiones. Conforme el mundo se fue encogiendo las creencias religiosas ya no podían servirse del aislamiento geográfico, social o político, que desde antaño les servían de protección. Como consecuencia los choques de valores, de creencias, y de esquemas existenciales en cuanto a cuál es la esencia del ser humano y de ser humano eran inevitables.

 

El resultado era previsible: el hombre postmoderno moderadamente educado se dio cuenta de que las religiones del mundo presentaban esquemas incompatibles y contradictorios sobre los orígenes, la naturaleza, y el destino del ser humano. Entre tanto, en el mercado del Pueblo Global, la religión y la espiritualidad se convirtieron en otros productos de consumo más.

 

Enfrentado con la creciente diversidad de valores espirituales la primera mitad del siglo XX vio un movimiento intelectual impulsado primordialmente por una obsesión etnocentrista euro-cristiana de implantar una hegemonía monoteísta sobre las demás tradiciones religiosas. Este movimiento trató de establecer la noción de que todas las religiones en realidad marcaban senderos diversos a la cima de una misma montaña espiritual. La idea se capta bien en la analogía visual que trata de establecer que para todos los caminos espirituales la luna que se encuentra desde esa misma cumbre  sería igual, aunque los principios y los senderos serian en su apariencia 'superficialmente' distintos. Se trató de establecer la noción de que el que no aceptaba esta nueva profunda 'Última Verdad' era simplemente espiritualmente inculto o insensible.

 

Este intento de instituir una visión equivalente entre las diversas religiones del mundo, es decir, de resolver – o de disolver - la ansiedad que surgía de la crisis que una multiplicidad de valores y de creencias incompatibles ocasionaba, estaba destinada al fracaso, a pesar de que en algunos círculos psicoterapéuticos, cada vez más reducidos y desprestigiados profesionalmente, siga teniendo vigor.

Las disciplinas académicas dedicadas al estudio de las religiones, sobre todo a partir del último cuatro del siglo XX dejaron bien claro que tales intentos de resolver las diferencias fundamentales entre las religiones eran basados en perspectivas simplistas e ingenuas, o en agendas fundamentalistas.

 

La visión del hindú o del budista que buscan la extinción total para escaparse del ciclo interminable de la reencarnación, se contradice irremediablemente con la visión del cristiano o del musulmán que persiguen una existencia eterna en el paraíso de su creencia.

 

La noción judío-cristiana y musulmana del tiempo como una progresión lineal que comienza con la Creación del universo por parte de Dios para terminar con un juicio final ocasionado por Él mismo contrasta inexorablemente con la del hindú o del budista que predice una creación o recreación cíclica del mundo, creación en la cual los dioses (plural) forman sino parte y no (necesariamente) causan ni instigan. Para el judío Jesús era un falso Mesías, para el musulmán era un profeta más, pero de menos categoría que Mahoma, mientras que para el cristiano la divinidad de Jesús es el axioma sine qua non del cristianismo. Las contradicciones e incompatibilidades entre las religiones del mundo son inagotables e incesantes.

 

Además de las incompatibilidades que nos revelan los estudios comparativos de la religión, los estudios críticos de la historia de cada religión en sí y de sus textos sagrados cada vez revelaron más y más la mano humana en vez de la supuesta intención o inspiración divina que la guiara. El resultado es el asalto más agravante a la espiritualidad de nuestra especia: el conocimiento de que si todas las religiones no son equivalentes por un lado, y por otro están repletas de inconsistencias y de contradicciones en la lógica de su propio raciocinio implica necesariamente que tal vez todas estén equivocadas de una forma u otra.

 

Esta crisis existencial postmoderna causa diversas reacciones. Una gran parte de las personas continuarán navegando en un mar de incertidumbres, distraídas temporal y periódicamente por los quehaceres de su día a día, y tratando de buscar refugio en las instituciones a su disposición. Para otras la situación de inseguridad existencial es tan desesperante que sólo la pueden resolver adoptando una posición de certeza absoluta en las creencias de sus tradiciones religiosas, certeza que se verán cada vez más dispuestos y obligados a afirmar con la violencia; de ahí que en el siglo XXI el autor predice el incremento del terrorismo fundamentalista religioso. Otras personas seguirán indagando senderos nuevos e inspirados que los lleven a una armonía y paz interior, al estado de sosiego personal al que los griegos denominaron la eudaimonia.

 

Como su subtítulo indica, Maestros de Sabiduría, Creadores de Senderos: El Espíritu Humano en Busca de Liberación, es una búsqueda de la sabiduría, es decir, del conocimiento práctico que lleva a la felicidad humana.

 

La Psicología de la Imaginación es un programa seminarios y talleres que ofrece una resolución integral a la crisis postmoderna a través de una búsqueda de la naturaleza esencial de las necesidades espirituales del ser humano y un reconocimiento de la suma importancia de crear una identidad propia y de abrirse un sendero existencial para el cultivo de la misma.

 

Temática y Talleres:

 

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Módulo 1: El hombre que imagina: los orígenes del pensamiento mágico y la magia del pensamiento. Introducción a la Estrategia Existencial. El programa comienza con un estudio de la evolución de la mente-cerebro humana y el desarrollo consecuente de la facultad de la imaginación. El módulo continúa con una investigación de la función que desempeña la imaginación en la creación de la condición existencial humana y en el impulso hacia la necesidad de la formación la identidad personal y social. Veremos diversas teorías y filosofías en cuanto a la formulación de la identidad y el papel que juega la identidad en la creación de un proyecto de vida y de una estrategia existencial.

 

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Módulo 2: Don Quijote, ¿maestro de sabiduría, creador de sendero? Este módulo está dedicado al análisis de cuestiones de “ser e imaginar” en la obra titulada “Don Quijote de la Mancha.” Este módulo ofrece una oportunidad para que los alumnos muestren como la imaginación trabaja dentro de sí mismos y en la naturaleza humana en general dentro del contexto del estudio de la mayor obra literaria del mundo. Como tarea os estudiantes completarán un ensayo titulado “Yo, Don Quijote,” es decir, un análisis sobre la función que la imaginación desempeña en su propia estrategia y condición existencial.  

 

Material de Apoyo:

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Manual de Instrucción de La Psicología de la Imaginación.

 

 

Seminario-Taller Semiprivado:

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Cupo muy limitado.

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Para confirmar su plazo aconsejamos que se inscriba con antelación y que confirme su inscripción con un prepago del 50% del costo total ($150).

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El programa se desempeñará con talleres prácticos condicionados por las necesidades e intereses de los asistentes.

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Los egresados recibirán un Diploma de Reconocimiento de La Sociedad Internacional de MAMBA-Ryu.

 

 

 

 

 

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