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La juventud
de hoy y la crisis de identidades:
Por qué creé este programa
Por Shodai J. A. Overton-Guerra
“Dime con
quién andas y te diré quién eres,” es un proverbio popular del refranero
castellano; es el resultado de un conocimiento cultural colectivo sobre
la naturaleza humana que capta la esencia de la relación entre la
identidad social y la identidad personal. Sin embargo el revés también
aplica: “dime quién eres y te diré con quién andas;” esta versión
implica que tanto las relaciones sociales como la correspondiente
conducta de un dado individuo está a su vez sujeta a su propia visión de
su identidad personal: el individuo tiene opciones y posibilidades de
hacer escogencias.
Hoy en día líderes alrededor del mundo se preocupan por
el estado crítico de la economía mundial, por las grandes pérdidas
monetarias en ciertos sectores, y por numerosos factores económicos en
decline; tomadas todas éstas en conjunto amenazan a una posible recesión
económica. A mí me preocupa más otra crisis, también de índole
internacional, y que se expresa también en pérdidas monetarias medibles
pero más aun en pérdidas humanas inconmensurables: nuestra juventud.
La juventud es el futuro de la familia, de las
comunidades, de las naciones y de los países, y del mundo; la crisis de
la cuál les hablo queda patente de muchas maneras: en la apatía en
general que muestran; en la falta de consciencia social y política; en
la falta de de una visión de vida personal y de esperanza hacia el
futuro; en la conducta antisocial; y en las crecientes muestras de
comportamiento netamente autodestructivo. A la raíz de la situación de
nuestra juventud existe una crisis de identidad personal; el “quien
eres” de la juventud de muchos países está en un estado de patología
crítica, de incertidumbre, de desequilibrio, de conflicto, de
enajenación.
Entre los
países miembros de la Unión Europea, por ejemplo, el 25% de la mortandad
entre varones de 15 a 29 años de edad se atribuye directamente al
consumo del alcohol; y el índice de crecimiento del alcoholismo juvenil
en los últimos 10 años se ha considerado alarmante entre muchos países
de Europa. Como padre de familia saber que uno de cada cuatro jóvenes
muere innecesariamente es simplemente una pérdida inaceptable que
corresponde a nada menos que a una automasacre.
En los Estados Unidos de Norteamérica, donde todo lo
que existe y acontece tiene que medirse en términos económicos, se
estimó que el costo social del consumo ilícito de alcohol entre los
jóvenes menores de edad ascendió a los $53 mil millones de dólares en el
año 2006. Esta cifra equivale a más de la novena parte del gasto militar
en defensa nacional estadounidense en el mismo año ($453 mil millones de
dólares); pero, ¿qué defensa militar hay contra la autodestrucción de
los ciudadanos de un propio país?
Y si piensan que porque no viven ni en Europa ni en
America que su panorama es radicalmente diferente, abran los ojos e
indaguen un poquito: bienvenidos al “Pueblo Global” donde todos quedamos
afligidos por más que por el estado de la bolsa de las grandes economías
y por las emisiones de hidroclorofluorocarbonos. Si creen que sus hijos
están a salvos porque son estudiantes estelares, atletas sobresalidos, o
porque su familia se destaque en su comunidad religiosa por sus actos y
contribuciones caritativas desengáñense: El alcoholismo y la
narcoadicción juvenil, por ejemplo, acontece en las mejores familias y
con los hijos de los padres más dedicados. Si en su rinconcito del mundo
tienen un MacDonalds, acceso a la Internet, venta de música ‘rapera,’
indicios de narcotráfico, o pósteres de Paris Hilton, su juventud va a
quedar afectada sino ‘infectada’ por esta plaga mundial.
La identidad personal es
crítica a la hora de definir no sólo nuestras relaciones
sociales, sino también nuestro comportamiento, tanto lo que
hacemos como lo que no estamos dispuestos a hacer: “no robo
porque no soy ladrón” y punto. Nunca vi esto can tanta claridad como cuando
trabajaba de psicólogo interno en una residencia correccional de
rehabilitación juvenil femenina en San Diego. Bien poco de lo que uno
aprende en la universidad le prepara para la experiencia diaria de
tratar con este tipo de población, y tuve que recurrir en gran parte a
mi conocimiento de las culturas afroamericanas, latinas, y amerindias; a
mi familiaridad con la mentalidad y cultura del pandillero; y a mis
propios estudios de la función de la identidad personal que forman la
base de mi “Estrategia Existencial” – la filosofía
psicológica-espiritual de vida de MAMBA-Ryu.
Mis éxitos con las internadas, sobre todo con las
pandilleras, eran tales que mis supervisores y superiores en el
departamento de psicología forense me encargaron a que preparara un
reporte sobre el problema del pandillerismo con una propuesta de un
programa juvenil para su tratamiento.
El pandillerismo, que en los Estados Unidos se ha
convertido en la amenaza a la seguridad pública numero uno, se podría
considerar como el caso extremo de la decadencia juvenil, ya que en él
encontramos representados todos los patrones antisociales que afectan a
nuestra juventud. De
hecho, la vida en la pandilla crea una inversión de los valores sociales
para crear esquemas plenamente antisociales y criminales, donde la
conciencia humana, la humanidad misma, queda enterrada y desechada como
indicio de debilidad.
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| Muchas de las pandillas requieren que sus miembros
prospectivos cometan serios actos criminales como son las violaciones,
los asaltos a mano armada, los secuestros y hasta asesinatos. Varias de
mis pacientes me contaron de su participación en el secuestro de chicas
de otras pandillas para ser violadas por sus colegas varones.
Una vez miembro de la pandilla la rutina diaria del pandillero consiste
en desenvolverse en un mundo en el cuál la notoriedad criminal es causa
de ‘honra’ y de ‘honor’ y en donde el consumo abusivo del alcohol y de
los narcóticos juegan un papel fundamental: la intoxicación roba la
voluntad, ocluye el raciocinio, y facilita el libertinaje, la crueldad,
la perversidad y la felonía. Una vez cometidos ciertos actos la
identidad personal queda dañada, engullida por la identidad social de la
pandilla, y el individuo está perdido. Cuando se encuentra el pandillero
en territorio ajeno lo primero que anuncia es su afiliación (¡Chula
Vista!, ¡Diablos!, ¡Escondido!, etc.) por la cuál está dispuesto (o
dispuesta) a matar o a morir.
El resultado de mi estudio fue la propuesta para un
programa piloto denominado el “MAMBA CORPS TRAINING FOR JUVENILE
IDENTITY AND CONDUCT REHABILITATION. A 12-Week Training Plan for Girls
Rehabilitation Facility” (Entrenamiento de “MAMBA Corps” para la
Rehabilitación de Identidad y Conducta Juvenil. Un Plan de Entrenamiento
de 12 semanas para el Centro de Rehabilitación Femenino.” El programa
propuesto era netamente basado en aspectos clave de mi programa integral
de MAMBA-Ryu y como su título indica, se basa fundamentalmente en una
restructuración de la identidad personal del individuo para llevar a
cabo cambios conductuales perdurables. La propuesta fue aceptada tanto
por el Departamento de Correcciones como por el Departamento de
Psicología Forense. Lamentablemente, y por motivos personales
inesperados, tuve que ausentarme y no logré implementar mi programa
piloto ese año - aunque en teoría al menos las oportunidades continúan
para el futuro.
Distanciado del día a día de la institución decidí que
no es ni necesario ni razonable esperar a que el individuo caiga en las
manos nefastas del alcoholismo, de la narcoadicción, o de la
criminalidad para hacer una contribución al mundo: “es mejor prevenir
que curar” – otro proverbio del refranero castellano. La verdad es que
una vez que el individuo ha caído tan bajo con frecuencia algo en su
esencia se resquebraja y no tiene remedio – el estrés postraumático no
es dado a perdonar.
Mis estudios
de las fuerzas sociales y psicológicas, individuales y colectivas, que
ocasionan las pandillas me han llevado a entender mejor el problema de
la crisis de identidad juvenil de hoy en día. Y tomando tanto de mis
observaciones clínicas como de las personales como padre con dos décadas
y media de experiencia, decidí que mis mayores esfuerzos deberían ser a
nivel de prevención; así es que comencé a diseñar programas que
contribuyeran a la creación de una fuerte y sana identidad personal
juvenil, algo que les facilitara a decir “¡No!” aunque esa negativa les
costase ‘puntos’ en el mundo de su identidad social.
La misión, la visión, es de establecer un movimiento
internacional para fomentar la creación de identidades juveniles
éticamente robustas y estables de tal magnitud que supongan una
contrapartida, un desafío al lado oscuro que amenaza a destrozar nuestro
más valioso recurso: nuestro futuro. A ese efecto en MAMBA-Ryu hemos
creado el programa infantil Junior Mambas/MAMBA Corps.
Bajo el lema de “HONOR, FUERZA, E INTEGRIDAD”,
el propósito de este programa es precisamente el de inculcar en los
niños, desde una edad bien temprana, la calidad de valores físicos,
éticos, y mentales que apoyen a su formación futura de “Guerreros
Iluminados” y que contrarresten las influencias negativas que cada vez
dominan más las sociedades de hoy.
El programa de Junior Mambas (niños de 7 a 12 años de
edad) abarca toda la base desarrollo personal de MAMBA-Ryu (Black
Mamba, Kai Jutsu, Kai Zen, MAMBA Mindfulness, etc.) adaptada al cuerpo y a la mente infantil y entremezclada con
juegos, juegos estratégicos (ajedrez y go) y con ejercicios especiales
de coordinación, agilidad y sincronización.
Como padres tenemos la obligación de preparar a
nuestros hijos en todo lo posible para que sobrevivan y sobresalgan en
el mundo. Lamentablemente ese mundo está consumido por una falta de
valores que se manifiestan de innumerables maneras y que a menudo
sofocan nuestros mejores esfuerzos para contribuir a la creación de
identidades honorables en nuestros hijos. Como quien ha vivido y errado,
se ha esforzado y a veces fracasado, ha sobresalido y ante todo ha
aprendido, mi visión – mi misión – es la de ofrecer el beneficio de mi
experiencia en la forma de programas que prendan una luz propia de
confianza e integridad en nuestra juventud para que así tengan las
herramientas y las armas para contrarrestar la a veces abrumadora
oscuridad del mundo que nos rodea.
Por Shodai J. A. Overton-Guerra
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