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El miedo y la ira son dos de las
emociones más poderosas, más críticas para la supervivencia
inmediata del individuo. Sin embargo, también son de las
emociones que más daño causan en la vida de los que se ven
dominados por ellas: el alcoholismo, la narcoadicción, la
violencia domestica, la pérdida de la autoestima y de
relaciones personales y sociales – son solamente algunos de
los efectos que pueden causar la falta de control sobre
éstas emociones.
Desde el punto de vista de adaptación
evolutiva y social, tanto el miedo como la ira son dos
emociones de gran importancia para la supervivencia del
individuo. Ambos evolucionaron como sistemas de reacción
inmediata a circunstancias amenazantes. Para lograr este
propósito, tanto el miedo como la ira pueden ocasionar
rápidos cambios psicológicos y fisiológicos globales que
promueven una respuesta conductual inmediata, y a veces
dramática, ante la situación presente.
Circuitos neuronales permiten que
respondamos a estímulos peligrosos con gran rapidez, sin
tener que demorar mientras la situación es analizada por los
centros cerebrales frontales, más elevados y
correspondientes al raciocinio. El motivo: desde el punto de
vista evolutivo es mejor sobre-reaccionar a una amenaza
falsa, preparándose de inmediato mentalmente y físicamente
para la fuga o para el combate, a demorar en reaccionar ante
un peligro auténtico y acabar siendo presa o víctima.
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